sábado 16 de mayo de 2009

Jorge

A la corta edad de ocho años Jorge ya deambulaba solo por las calles del barrio sin importarle la hora que fuera.Nos habíamos hecho amigos debido a la cercanía de nuestras casas y también a la escasez de niños disponibles varias manzanas a la redonda.
Sin embargo él tenía permiso para hacer lo que le viniera en gana, o visto de otra forma, nadie le había dicho nunca que hiciese lo contrario a lo que le dictara a su propia voluntad.
Su familia era pobre, como la mía………. pero diferente.
Mis viejos por ejemplo solían ir a la escuela a buscarnos a mis hermanas y a mí a la hora de la salida, él siempre se volvía solo.
Eran frecuentes las peleas entre sus padres, y cuando esto sucedía Jorge se venia a mi casa a ver la tele con nosotros hasta que pasara la tormenta.
Un día su vieja se fue. No volvimos a saber de ella durante algunos años.
Esto se notó de forma evidente en la familia ya que mi amigo y sus hermanos comenzaron a verse un poco más desalineados que de costumbre. Y el tiempo fue pasando…..
Su dentadura sucumbió antes de que cumpliera quince años.
A esa altura yo ya iba al liceo y me había integrado a un nuevo grupo de amigos a los que Jorge no tenía acceso. Sin embargo no dejé de verlo aunque ya no teníamos aquella relación de tiempo atrás.
Era frecuente sentir pasar su carro de rulemanes frente a mi casa cargado de chatarra para ser vendida en algún lugar que yo no conocía. El sonido del metal contra el hormigón era para mí una especie de mensaje en clave que recibía estremecido.
Algunas veces volvimos a hablar recordando momentos mas felices de la niñez. Pero su comprensible resentimiento se transformó en un muro casi impenetrable. A la vez yo también había levantado mi propia pared de vergüenzas e impotencia acumuladas.
Hace un par de años una de mis hermanas se lo encontró en la calle.
Estaba igual, la misma sencillez, la misma humildad y el mismo muro.
“El medio condiciona”…..dicen los que saben. Jorge es un buen ejemplo de esta sentencia.

domingo 10 de mayo de 2009

La milanesa al pan....historia de un desamor.

Vos lo sabias y yo no quise comprenderlo.
El amor se alejaba más y más de nuestras vidas, como algo inexorable.
Allá quedaron las noches en que luego de trabajar 16 horas llegabas a casa para hacerme la comida, mientras yo (recién levantado de la cama) me entretenía viendo algún partido de fútbol sentado cómodamente en el sofá.
Muy atrás dejamos aquellos sábados en que acostumbrabas laburar horas extras para traer dinero a nuestra casa. Ya muy tarde yo te esperaba para recibirte con un beso pretendiendo atenuar un poco tu cansancio.
Seguramente has olvidado aquellos domingos que vos dedicabas a limpiar desde la mañana hasta bien entrada la noche y en los que yo me veía obligado a pasar tantas horas en el bar, con el fin de no molestarte en tus labores.
Y cuando reformamos el comedor ¿te acordás?...Me parece verte sacando carretillas de escombro mientras yo te animaba tumbado en aquella reposera que nos regalo tu vieja.
¿Es posible que hayas olvidado tantas cosas?
Recodá por favor la tarde en que nos conocimos….
Vos bajabas del gusano loco un tanto despistada y fue cuando te vi, parece que fue ayer. Recuerdo tu inocente carita y tus piernas flacas picadas por decenas de mosquitos.
Conversamos largo rato.
Luego compraste bizcochos en la panadería de enfrente y te enojaste porque no te deje ninguno. Siempre tus reproches….
Al llegar el invierno salías muy de madrugada rumbo a tu trabajo dejándome solo, añorándote.
Mas tarde quisiste conformarme con aquella tele gigante que aliviaba un poco y solo un poco mis horas sin vos, y que pagaste en 24 cómodas cuotas. Sin embargo no tenías ni que ponerte. En cambio en mi armario ya no cabía ni una prenda más, porque sabía que a vos te gustaba verme elegante.
Y eso ahora no te importa. ¿Acaso no has sabido valorar mi sacrificio? Si, sí, no me lo digas…..solamente vienen a tu mente mis errores. Como cuando tiré al perro por aquel acantilado……… lo hice por vos, para abaratar tus gastos. Pero claro, una vez mas no me comprendiste.
Todavía tus palabras sacuden mi recuerdo.- ¡No sos capaz de esperarme siquiera con una milanesa al pan!-. Fue lo último que escuche de tus bellos labios. Y luego aquel portazo, y luego aquel silencio. Me sorprendió tu abandono, debo confesarlo. Pero siempre sospeché que eras ingrata.
Ahora ya no estás y me carcome la nostalgia.
Aunque tengo la certeza de tu arrepentimiento, sé que tu orgullo no te permitirá volver. Te pido que lo pienses con tranquilidad. A ver si te parece, tirar todo a la marchanta por culpa de una triste, aceitosa y vulgar milanesa al pan.

miércoles 6 de mayo de 2009

Yo no voy a la escuela....

Cuando era niño (supongo que a todos les habrá pasado lo mismo)…. mis padres me informaron súbitamente que dentro de pocos días debería concurrir a un lugar llamado escuela.

La idea no me pareció ni bien ni mal ya que no tenía la menor idea de lo que significaba esto. Lo único que podía darme una pista era que muchas veces por la tarde veía pasar a algunos niños vestidos un poco raros y que aparentemente llegaban a casa de mala gana o muy cansados y sucios.

Por lo tanto yo seguía con mi rutina diaria de camioncitos por la mañana y arcos y flechas al mediodía y por la tarde. Mi amigo Jorge que vivía a la vuelta de la esquina tenía mi misma edad. Así que cuando le comenté lo que mis viejos me habían dicho inmediatamente me informó que su hermana ya acudía a tal lugar desde hacia tiempo. Me contó también que la citada escuela era un edificio enorme, donde los niños eran castigados a diario por sus maestros o por otros niños más grandes. Ante mi pregunta de que ¿cuantas veces teníamos que ir a ese lugar?… la respuesta fue sabia y contundente………..”La escuela es para siempre por culpa de un hombre que se llamaba Varela”.

José Heber Gully

viernes 10 de octubre de 2008

Un poco de identidad

Difícil es hablar de la identidad de un pueblo que podemos considerar nuevito en comparación con muchas de las culturas que existen hoy en el planeta.
Sin embargo nosotros los uruguayos compartimos el sentimiento de nación que esta fundado en una historia breve pero a la vez muy rica e intensa.
Somos en gran medida producto de la inmigración europea que llegó a estas tierras del sur en busca de una nueva vida, o sea alejándose de los problemas del hambre y de paso también de algunos tiranos absolutistas que por lo menos aquí se veían un poco mas lejos. También hemos heredado algo de nuestra malograda población autóctona, eso si muy poco lamentablemente.

Esa mezcla cultural que ofrece nuestra tierra ha sido la gran iniciadora del sentir uruguayo, de todo aquello que nos une y que a veces nos cuesta reconocer.
El mate por ejemplo, esa infusión venida de las naciones indígenas y que supimos incorporar a nuestros ratos de ocio y que también supimos ir intercalando en nuestros ratos de trabajo y que más adelante intentaremos que lo desplace totalmente.

Esta nación al oriente del Gran Río reivindica su derecho a la libre infusión desde hace ya décadas y lo equipara a cualquier otro derecho de los llamados humanos.
No se ha fundado aun la multinacional que logre desplazar al mate del ámbito laboral.
Si existe un elemento de unión y fraternidad de nuestro pueblo, ya sabemos cual es...

Pero este rito no es tan sencillo, lleva implícito un conjunto de reglas que hemos de respetar y que además incluyen un lenguaje propio de comunicación gestual.
Jamás un uruguayo compartirá una calida bombilla matera con algún individuo que éste no aprecie o respete. Saben nuestros enemigos que nunca recibirán de nuestras manos ni un solo mate, de eso pueden estar seguros. Es inútil que intenten insertarse en la ronda matera, nosotros encontraremos la forma de ignorarlos olímpicamente.

En cambio la amistad requiere inevitablemente del gran rito, no concebimos un amigo sin haber antes compartido una bombilla aunque sea por un instante.
Todas las personas que queremos han estado en alguna ronda o en algún mano a mano con el mate de por medio conversando de bueyes perdidos "hasta que la yerba aguante".

El mate es el elemento democrático por excelencia, lo suelen compartir los cristianos, los judíos o testigos de Jehová, los viejos y los pibes así como los blancos o colorados y ni hablar los partidarios del FA. O sea el mate nos iguala, nos coloca en una especie de territorio neutral donde estamos muy a gusto, donde se respira confianza en el compañero y se hace fácil la comunicación de ida y vuelta.
Por decirlo de alguna manera el mate es un pretexto que ayuda a la hora de los afectos. Y sobre todo es nuestra forma uruguaya de exorcizar la soledad…….

martes 9 de septiembre de 2008

El tablado de la esquina

Unos cuantos días antes de comenzar Febrero podemos ver los tablados en pleno trabajo de "acondicionamiento". Esto quiere decir, que el barrio comienza a despertar después de todo un año alejado de la ancestral batuta de Dios Momo.

Que fantástico e increíble despliegue de medios tecnicos puestos a disposiciòn de una sola e inigualable fiesta......el carnaval.

Por fin llega el día de la inauguración y al caer la tardecita una procesión de avidos vecinos se aproximan poco a poco. Como si de un rito sagrado se tratara se acercan en silencio cual "mariposillas portadoras de ilusión".

La noche se adueña de la fiesta y las sillas comienzan a escasear, alguno que ve como viene la mano prefiere quedarse atrás a ver si garronea algún asiento........... y comienza la actuación.

Suenan bombos y platillos, suena el redoblante murguero y brotan los versos del pueblo. El humo de recónditos chorizos invade el escenario con un suave y mágico esplendor. Los botijas del rioba no paran de correr por encima de la gente y las bocas se llenan de pop..... acaramelado el pop.

Pero la murga es efímera y pronto llega la hora de marchar, si, esa murga tan alegre y colorida habrá de despedirse, partirá en la madrugada carnavalera perdiéndose en la noche de febrero, no sin antes prometernos que siempre volverá.
Tu esposa se emociona con los versos y a vos, al mirarla, se te pianta un lagrimon.

Una vez recuperados del nudo en la garganta recordamos que hace un rato compramos dos numeritos para el bingo y quien te dice que no desquitemos las entradas y el choripan.

Dejamos la nostalgia de lo efímero al menos por un rato y centramos la atención en el globo del bingo..........23 ... ta`que lo pario!!........16 .......no me jodas!! , y aparece la boleta ganadora en manos de la vieja que se sienta a tu lado y que ahora grita como una loca....biiingo!!!!! biiiingo!!!!!.

Unos cuarenta minutos después de la ultima actuación todavía no ha llegado ningún otro grupo de artistas populares, así que te dedicas a mirar a la gente, a criticar un poco la organizacion, comentas que el precio de la entrada esta un poco caro y cuando ha transcurrido casi una hora te juras que no volves nunca mas. De pronto la gente mira hacia la entrada.....parece que llego una bañadera, un esbozo de sonrisa se instala en tu cara y tu esposa te mira con un aire maternal.

"Ya están acá"- grita uno que esta en la cosa-, vos te paras inquieto para ver si es tu murga tan querida.....si, la que se anunciaba en el pizarron, la que te hizo venir al tablado. Una fuerte emoción se adueña de tu pecho y los recuerdos te llenan de añoranzas. Pero en cambio comprobas derrotado que se inicia otra sesion de bingo mientras por los alto parlantes piden disculpas al respetable publico por no se que razones de fuerza mayor.

domingo 31 de agosto de 2008

El parque Rodo

Que uruguayo no ha pasado una tarde de sana diversión en este lugar tan típicamente montevideano?.

Cuando eramos niños nuestros padres o abuelos solían extorsionarnos con amenazas del tipo: - si no hacès los deberes no te llevamos al Parque Rodo!!!-.

Esto significaba que estábamos obligados a cumplir con nuestras obligaciones infantiles para asi ganarnos una vuelta en el gusano loco, o en las lanchitas del lago, según el gusto de cada uno.

Al llegar al parque y aun desde lejos podíamos observar las enormes bolas de algodón y un olor a churro chamuscado se impregnaba en nuestra ropa, como un augurio de juegos y pizza con muzzarela.

A veces la visita comenzaba subiendo al Tren Fantasma que causaba mas pánico en la cola de acceso que realmente cuando estabamos dentro, pero era fundamental haber subido aunque sea una vez para presumir de nuestro valor delante de los amigos del barrio.

Lo siguiente en la escala de peligrosidad podían ser por ejemplo los autitos chocadores, que anunciaban en la entrada: "Solo mayores de 12 años" y esto era decir mucho. Antes de cumplir esta edad veíamos con admiracion a los osados conductores mas grandes que nosotros y esperábamos con impaciencia aquel dia en que nos tocara demostrar tanta destreza y valentía. Mientras tanto nos conformábamos disparando a los patitos con escopetas de aire comprimido.

Pero el gran desafío del parque era sin lugar a dudas La Rueda Gigante, esa mole de hierros pintada de colores que hacia un ruido aterrador y que pocos eran capaces de soportar.

Algún niño de mi escuela decía haber subido una vez, y otro solía contar que su primo tenia el asunto dominado. Pero yo no podia afrontarla, era demasiado arriesgado según yo mismo para un niño de diez años.
Sin embargo llego el día en que decidí que ya era hora...

Un poco envalentonado por mi viejo y un poco por orgullo ante otros niños me dispuse a resolver la cuestión de una vez por todas, y lo hice.

Mi padre y yo subimos al artefacto mecánico, èl muy contento y yo con las rodillas temblando.

De pronto comenzo a moverse en un ascenso lento pero inevitable, y comprendi que ya era tarde para arrepentimientos. El asiento se empinaba mas y mas y yo veia como las personas se hacían chiquititas allá en el suelo, del que nunca antes me había separado tanto. Por fin llegamos a la cima y me invadió un gran alivio que duró apenas un segundo. No había contado con el descenso, que era mas o menos la misma sensacion pero agravada por la marcha atrás.

Tres minutos de subir y bajar para cosechar la gloria, tres minutos de agarrarme a los fierros y a mi viejo para disfrutar del sabor de la victoria.

Valió la pena, el lunes en la escuela logre por fin presumir de todo el prestigio que una hazaña de esta naturaleza puede acarrear.

sábado 23 de agosto de 2008

Futbol, futbol, futbol....

Demasiado futbol para un pequeño pais del sur.

El Uruguay ha sido un caso excepcional en cuanto a triunfos logrados en relación a habitantes por kilometro cuadrado. Si realmente increible.

Una relación ùnica en el mundo que no ha pasado desapercibida para nuestra población que simplemente se ha sentido orgullosa de las victorias deportivas y ha conseguido incorporar ese orgullo al sentimiento nacional.

Son muchos los orientales que confunden patria con "camiseta celeste"y valor con "garra charrua", colocando en el mismo escalon a Artigas , Jose Pedro Varela y Fernando Morena.

Desde mediados del siglo xx nos encontramos atados a una especie de patria futbolera y somos capaces de relacionar cualquier hecho cotidiano con este deporte.

Es asi que cuando alguien comete algún error de cualquier indole solemos decir que "la pifiò", refiriéndonos a la accion fallida de golpear la pelota con el pie. También podemos aplicar a este caso otra analogía futbolera : "le diò de punta y pa` arriba", aqui la acción además de ser errónea es tambien indecorosa.

El caso contrario seria el de aquel que alcanza su cometido con gran eficacia, entonces sentenciamos que: "la metiò en el ángulo".

Si alguien necesita comentarnos algún asunto un tanto delicado y notamos que al hablar del caso da muchas vueltas entonces le pedimos por favor : "cortita y al pie", con la intención de que vaya al grano de una vez.

Y si algún amigo nos reclama un objeto que nos ha prestado y que no tenemos ninguna intención en devolver al menos dentro de los próximos cincuenta años, entonces le decimos que debe esperar al "dia del golero".

Son muchas las expresiones futboleras que se han instalado en nuestra jerga cotidiana, la mayoría han llegado de tiempos de mayores logros deportivos. Sin embargo continuamos usándolas, tal vez como un augurio de tiempos venideros, tal vez tan solo como recónditos recuerdos de aquel pasado que no volvera a repetirse.